| Trastorno Negativista Desafiante: Aspectos relacionados con el sexo y el evaluador. |
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Esther Cardo (1), Victoria Meisel (2), Gloria García-Banda (2), Laura Riutort (1), Coloma Palmer(1) Mar Bernad(1), Mateu Servera(2). (1)Laboratorio de Neurociencias. Grupo de investigación DEPSY “IUNICS”. Hospital Son Llàtzer. Palma de Mallorca. Baleares. (2)DEVPSY “IUNICS” Departamento de Psicología. Universidad Islas Baleares. Palma de Mallorca. Baleares. Correspondencia.Dr. Esther Cardo Neuropediatra. Laboratorio de Neurociencias IUNICS. Hospital Son Llatzer Ctra de Manacor Km 4 07171 Palma Mallorca (España). Teléfono: 871-202282 Fax: 871.20.22.90 e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Resumen.El Trastorno Negativista Desafiante (TND) es uno de los trastornos externalizantes más prevalentes, con una tasa global del 2-16%. El trastorno negativista desafiante (TND) es uno de los trastornos externalizantes más comunes en la infancia. El TND junto con el déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno de conducta (TC) son una de las causas principales de derivación a los servicios especializados de neuropediatría y psiquiatría infantil [1,2]. Si bien el TND tiene una relevancia clínica importante, son pocos los conocimientos que se tienen acerca de este trastorno [3]. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) define el TND como un patrón de conducta negativista y hostil desafiante, excesivo para el contexto sociocultural y el nivel de desarrollo del niño/a y que le causa un deterioro significativo en su funcionamiento en el ámbito personal, social o académico, durante un período de más de 6 meses, y que no es debido a un episodio psicótico o un episodio propio de un trastorno del ánimo [4]. El trastorno se caracteriza por un comportamiento negativista, hostil, con resentimiento e intimidación, y la tendencia a culpar y transgredir normas sociales [5]. El sujeto con TND se identifica de forma precoz por su tendencia a manipular y por los problemas de disrupción familiar que suele crear [6]. Las conductas propias del TND son más frecuentes con niños/as y adultos que el sujeto conoce bien, por lo que la aparición de éstas es más frecuente en el hogar y pueden no darse en el ámbito escolar. Esta posible variedad ínter-situacional de la conducta puede dificultar el diagnóstico, y hay que tener prudencia porque aún dentro de la normalidad, las conductas insolentes y desafiantes son frecuentes en niños/as y adolescentes El trastorno es más habitual en niños/as que han mostrado en la edad preescolar problemas de temperamento y alta actividad motora [4]. Los síntomas del TND suelen aparecer antes de los 8 años, y presentan poca variabilidad a lo largo del desarrollo y se mantiene desde la etapa preescolar, a la edad escolar y hasta la adolescencia [7]. Además, estas conductas en niños menores se relacionan con trastornos internalizantes y externalizantes y predicen otros trastornos a largo plazo, tales como depresión, déficit de atención e hiperactividad y trastorno de conducta [8,9]. Algunas veces es difícil diferenciar la actitud oposicional desafiante y la actitud propia de los trastornos de conducta, especialmente cuando se dan fuera del entorno familiar [10]. Varios autores sugieren que el TND y el TC están muy relacionados, pero la naturaleza de esta relación es controvertida [11]. Algunos autores consideran que el TND es la forma leve del TC [11], o su precursor [12], sin embargo estudios recientes abogan por considerar que el TND es una entidad propia que tiene unos factores genéticos y socioculturales diferentes al TC [2]. A pesar que el TND y TC comparten factores de riesgo y frecuentemente se asocian de forma comorbida, la mayoría de los TND no van a desarrollar un TC [13, 14,15]. Los criterios del ICD 10 [16] y del DSM-IV [4] mantienen una jerarquía entre estos trastornos, de manera que un diagnóstico excluye el otro, por este motivo muchos de los estudios empíricos los han englobado utilizando el grupo TND/TC [17], lo que dificulta aún más la conceptualización y prevalencia de los mismos. Desde que el trastorno fue introducido en el DSM-III como un trastorno diferenciado de otras patologías [18], las propuestas de conceptualización, diagnóstico y prevalencia han sido diversas. En los estudios realizados sobre la prevalencia del TND se puede observar una tasa global del 2-15%, que demuestra una variabilidad elevada [1, 19, 20]. Estos intentos por determinar una tasa de prevalencia se ven afectados por varios factores tales como: las variaciones en la clasificación clínica de los criterios diagnósticos (si se utiliza el DSM-III-R, el DSM-IV, o el ICD-10) los métodos de evaluación, la fuente de información y número de informantes (padres, maestros, cuidadores, niño), el tipo de muestra (clínica, poblacional) y las características socioculturales. Incluso pequeños cambios en el criterio diagnóstico pueden producir grandes diferencias en la prevalencia. Por ejemplo, una comparación entre el diagnóstico del DSM-III y el DSM-III-R en la misma muestra demostró que el TND era un 25% menos prevalente cuando se utilizaba el DSM-III-R, en lugar del DSM-III [21, 22]. En el presente trabajo se revisan los estudios realizados sobre la prevalencia del TND, analizando los aspectos relacionados con las diferencias según el sexo y en función del evaluador, debido a que en la actualidad los datos disponibles en relación a estos factores son escasos e inconsistentes. Conclusiones: Los índices de prevalencia del TND presentan una gran variabilidad dependiendo de la metodología utilizada y del evaluador (padres versus maestros). La mayoría de estudios sugieren que el TND es más común en niños que en niñas, aunque algunos autores señalan que esto puede deberse a ciertos sesgos metodológicos. Se propone validar una escala de TND que tenga en cuenta el nivel de desarrollo del sujeto (edad), genero y ambiente. |

