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Las dificultades en la fluidez del habla son normales cuando los niños están adquiriendo el lenguaje. Sin embargo, cuando los tartamudeos son excesivamente recurrentes o inusuales, podría ser una señal de alarma de un trastorno conocido como tartamudez o disfemia.


El inicio del problema se manifiesta en un 90% de los casos antes de los 6 años. En estos primeros momentos la dificultad para hablar con fluidez podría variar entre episodios con cierta fluidez y episodios más severos. En muchos casos, los niños dejarán de tartamudear sin ayuda externa, pero las recuperaciones espontáneas son atípicas si la problemática se mantiene más allá de los 5 años o cuando el niño lleva tartamudeando más de un año.

Por esto mismo, es fundamental un diagnóstico temprano y una intervención logopédica adecuada, pues cuando el trastorno se cronifica se vuelve mucho más resistente a la intervención.

Así, se han establecido algunos signos de alarma que deben aparecer en más de un 10% de su habla normal, (10 de cada 100 palabras).
Cabe decir que estas alteraciones no son voluntarias ni aprendidas de, por ejemplo, un familiar con tartamudez. También es característico que el paciente no presente el problema en todas las ocasiones: una persona con tartamudez podría hablar fluido ante un interlocutor con el que se sienta muy cómodo, cuando está solo o cuando habla con niños pequeños o animales, por ejemplo.


SIGNOS DE ALARMA

- Repeticiones de sonidos: “a…a…a…a…ahí”.
- Repeticiones de sílabas: “pa…pa…pa…pa…papá”.
- Más de dos repeticiones de palabras cortas: “pero…pero…pero…pero…dímelo”.
- Alargamiento: “eeeeeeeeeeeel perro”.
- Partir palabras: “Dame el co…che”.
- Bloqueos, interrupción del flujo del aire, esfuerzo y tensión al hablar.
- Velocidad excesivamente rápida de habla. Cambios raros en el volumen o en el tono.
- Preocupación del niño o de los padres por su forma de hablar.
- Miedo o ansiedad (tanto por parte de los padres como del niño) ante situaciones en las que tiene que hablar.
- El niño evita situaciones en las que tiene que hablar.

Así, si se detecta que varios de estos signos se mantienen en el tiempo, se recomienda acudir a un servicio de logopedia para que evalúe la situación y juzgue si se recomienda o no una intervención. Normalmente, con los preescolares, (2 a 6 años), se recomienda una intervención en forma de instrucción hacia los padres para evitar acrecentar la ansiedad del niño hacia el habla. Con niños más mayores, por otro lado, se suele realizar una intervención directa.

 

Equipo del INVANEP

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